Víctor Bagnulo

Víctor Hugo Bagnulo Fernández (Montevideo, Uruguay, 23 de julio de 1915 – † Montevideo, Uruguay, 7 de febrero de 2008), fue un futbolista y entrenador uruguayo. Histórico técnico del club Peñarol y la selección de Uruguay de larga y destacada trayectoria.

Se inició como entrenador del Danubio Fútbol Club en 1947. En 1955 asume como técnico del Selección nacional de su país, en 1958 se encarga de la dirección del Peñarol de Montevideo hasta 1959. Luego tendría una dilatada carrera como técnico en clubes como Defensor, Rosario Central de Argentina, Wanderers, Central Español, Alianza Lima de Perú, Nacional de Montevideo, Huracán Buceo, Liverpool y Bella Vista. En el año 1970 tomó la dirección técnica del Seleccionado de Uruguay y se mantuvo hasta 1973; Con 6 títulos de Campeón Uruguayo, es el entrenador que más campeonatos uruguayos ha conquistado en la historia del fútbol uruguayo, todos conseguidos con Peñarol, en los años 1958, 1959, 1973, 1974, 1975 y 1982. En el año 1982 alcanzó la triple corona, al conquistar el Campeonato Uruguayo, la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental (posteriormente llamado Mundial de Clubes) con el Club Atlético Peñarol de Uruguay.

Es uno de los pocos entrenadores que conquistaron la Copa Libertadores de América y la Copa América de Selecciones.

El ideador de su llegada fue don Alfonso de Souza Ferreyra Basagoitia, quien aprovechó su viaje a Buenos Aires en agosto de 1969 para ver a Perú clasificar al Mundial de México 1970 en ‘La Bombonera’ para cruzar el Río de La Plata y reunirse en Montevideo con Bagnulo y hacerle la propuesta de ponerse el buzo de Alianza Lima.

La intención de la dirigencia íntima era efectuar un proceso ordenado. Luego de las experiencias fallidas de László Pákozdi y Marinho de Oliveira, había tenido que recurrirse al multicampeón Jaime de Almeyda -ya dedicado a labores más parecidas a las de un manager en el club íntimo- para que retomara interinamente el equipo mientras se encontraba un nuevo DT. Así, el 25 de setiembre de 1969 arribó al país Hugo Bagnulo, y al día siguiente fue presentado al plantel íntimo que entrenaba en la cancha de la antigua planta Copsa (hoy perteneciente a Alicorp), en el Callao. Tanto De Almeyda como el ‘Cholo’ Rafael Castillo Huapaya lo acompañaron en su primer diálogo con los futbolistas blanquiazules, en señal de unidad del proyecto.

El debut de Bagnulo, sin embargo, no se produjo sino hasta diez días después: De Almeyda dirigió el clásico que el 28 de setiembre de 1969 los blanquiazules igualaron 2-2 con Universitario. El lunes 29 asistió a ver el clásico de reservas y el martes 30, nuevamente en cancha de la Copsa, dirigió sus primeras palabras al grupo: «Sacrifíquense fumando diez cigarrillos menos, échense a dormir más temprano y pongan más entusiasmo y jueguen con más fuerza los partidos»: tales fueron sus primeras recomendaciones. Luego de días intensos bajo la preparación física de Segundo Capristán y concentración que por la época Alianza hacía en Barranco, el equipo quedó expedito para el debut del DT uruguayo ante Juan Aurich, el domingo 5 de octubre en el Nacional.

Los íntimos comenzaron sorprendidos por el ‘Ciclón’, que se puso en ventaja a través de Juan Orbegoso. Alianza acusaba con claridad las ausencias de Pedro Pablo ‘Perico’ León (suspendido), Teófilo Cubillas y Julio Baylón (los dos últimos lesionados); ese día debutó en Primera División el novel Carlos Bolívar, pero su desempeño en ataque fue muy opaco, y Víctor ‘Pitín’ Zegarra tuvo que multiplicarse para causar peligro. En el vestuario, Bagnulo les habló por separado a cada uno de los futbolistas aliancistas de cara al segundo tiempo y decidió un cambio: envió a César Cueto, de apenas 17 años, en reemplazo de Bolívar. Con el entonces aún no llamado ‘Poeta’, los íntimos recuperaron dinámica y consiguieron, a través de Félix Rubianes, salvar el 1-1.

Los técnicos uruguayos Hugo Bagnulo y Roberto Scarone cuando vieron juntos el clásico antes del debut del nuevo DT blanquiazul (Recorte: diario La Crónica)Pero más allá del resultado, lo que más llamó la atención de la prensa y el aficionado en el debut de Bagnulo fue el estilo dinámico y activo con que dirigía los partidos: de pie y pegado casi a la línea de cal. El diario La Crónica, inclusive, le publicó un especial fotográfico con diversas tomas de sus movimientos en el banco, que hoy pueden resultar comunes en cualquier técnico pero en épocas de un fútbol con menos presiones de por medio se veían estrambóticos. «Bagnulo es el único entrenador que ve el partido parado. No se sienta un solo momento. Delante del alambrado se sitúa y al pitazo del árbitro dando por iniciado el partido, comienza él a vivir su partido desde fuera de la cancha (…). Su cuerpo se inclina hacia donde va el avance de Alianza y hace fuerza con sus gestos, como queriendo contener un avance contrario o ayudar a un pase que se ha quedado corto. Gesticula, habla, pide por favor con los gestos y desde luego también da indicaciones. Su expresión es a veces de ¡CÓMO QUISIERA ESTAR EN LA CANCHA!», escribía de modo grandilocuente Litman Gallo ‘Gallito’ en el epígrafe del especial.

Lo anterior era cierto, pues el propio Bagnulo confesaba abiertamente a los medios peruanos su añoranza por sus épocas de futbolista. «Soy temperamental, vivo el fútbol y por eso es que en cada partido sufro o me alegro más de lo común. Además de profesión tengo al fútbol como pasión, y le tengo tal cariño que lamento no tener edad para jugarlo. En realidad me gustaría seguir siendo futbolista y no entrenador», le confesó a La Crónica.

De hecho, las convicciones de Bagnulo eran que en el Perú se practicaba uno de los estilos de fútbol más perfectos del continente, pero que al buen trato de pelota faltaba agregarle una mayor profundidad o temperamento en el juego. Su intención explícita, según declaró a la revista ¡Arriba! Alianza, era darle consistencia al juego ofensivo. «Mi mentalidad es ofensiva ciento por ciento. Me gusta ese juego, y para eso necesito piezas (…). Pero si puedo atacar con cinco delanteros, pues lo haré. Con el número que sea pero lo haré», decía. Sin perjuicio de eso, en lo táctico su propuesta era adaptativa al rival: «Puedo usar cualquier esquema pero de acuerdo con el rival, pensando en las características del otro cuadro. Podrá ser 4-2-4, 4-3-3 o etcétera; pero es cuestión de tener hombres para ejecutarla», sostenía.

Sin embargo, el problema de Bagnulo en Alianza fue que pese a contar con un ataque de nombres dorados, no pudo tener a varios de ellos a disposición. Teófilo Cubillas tardó casi dos meses en recuperarse -reapareció a finales de noviembre contra Porvenir Miraflores-, y Julio Baylón otro tanto; y ambos volvieron a las canchas con la mente puesta más en estar a punto y cuidarse para el Mundial de México que en su club. Así, Alianza terminó el Descentralizado (de una sola rueda) en cuarto lugar, por debajo de Deportivo Municipal, Universitario y Defensor Arica, y en la liguilla ratificó esa posición.

El proceso se mantuvo para el año siguiente, pero nuevamente las condiciones no fueron las mejores: Alianza recibió a sus jugadores después del Mundial algo fundidos físicamente y su campaña fue floja. Si bien el buen nivel de Cubillas en particular le permitió al cuadro íntimo cerrar la primera rueda con tres triunfos al hilo sobre Torino, Mannucci y Sima, en la segunda rueda no hubo mucha consistencia y una goleada 0-3 sufrida ante Defensor Lima el 10 de octubre, por la vigésima fecha, le bajó la persiana al ciclo de Bagnulo. Jaime de Almeyda tuvo que volver a asumir de emergencia y con él, los íntimos salvaron la categoría en la última jornada de la liguilla con un triunfo sobre Atlético Grau, en la que fue la peor campaña de su historia hasta la oscura temporada 2008.

En total, Bagnulo dirigió a Alianza en 36 cotejos oficiales de Primera División: ganó 12, empató 13 y perdió 10, lo que con puntuaciones de la época significó un 51.4% de rendimiento quizá discreto para estándares de un equipo que con los jugadores que tenía en esa época estaba llamado a brillar en los primeros lugares. Como fuere, eso no melló una carrera que continuó en ascenso: apenas luego de dejar La Victoria, don Hugo reasumió la selección uruguaya y, mientras en paralelo dirigía a clubes locales como Bella Vista y Huracán Buceo, la condujo a clasificar para el Mundial Alemania 1974. No llegó a dirigir este torneo pues lo reemplazó Roberto Porta, pero sí tuvo espacio para volver a Peñarol y conseguir tres nuevos títulos en 1973, 1974 y 1975. Tras dirigir a Liverpool y una vez más a la selección uruguaya en 1978, cerró su carrera de modo brillante: en 1982, fue campeón uruguayo, de la Copa Libertadores y de la Copa Intercontinental con Peñarol.

Así, con seis títulos de Primera División uruguaya conseguidos (el de 1959 compartido con Roberto Scarone, quien solo dirigió la final del torneo), Bagnulo quedó en la historia del fútbol de su país como un hombre récord. Y en la de Alianza Lima, como uno de los ocho entrenadores charrúas que pasaron por el banquillo íntimo hasta la fecha y como una persona apasionada que intentó esa difícil tarea de lograr que los blanquiazules jueguen a la uruguaya.

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