José Soto, el caudillo que conquistó el corazón blanquiazul

El caudillo de los penales furibundos, el de los festejos eufóricos con el Comando Svr, el que se bajó del cemento de la popular al verde de Matute para darle seguridad y defender con el corazón la cancha blanquiazul. El hincha que cumplió el sueño de niño: salir campeón como capitán del equipo de sus amores en el Centenario.

En esta entrevista José Soto cuenta sus inicios en Municipal, el sonado pase a Sporting Cristal, su experiencia en México, la blanquirroja y el presente como técnico en el Juan Aurich chiclayano.

En el mundo digital se consigna que tu debut profesional fue como arquero enfrentando a la Palma de Huacho, ¿Qué tan cierto es eso?

Nada que ver, yo debuté como volante de contención en el estadio Nacional en 1987 con Municipal, una tarde que derrotamos al Octavio Espinoza de Ica por 4 a 2.

¿Y esa información sabes de dónde salió?

Yo me imagino que a alguien le contaron mal el cuento y lo publicó así (risas) porque lo que sí pasó relacionado al arco fue en juveniles. Te cuento, cuando tenía 15 años había dejado de ir a entrenar como 3 meses, entonces el profe me mandó un ultimátum con un compañero, dile que o viene ahora o que se olvide de jugar en Municipal.

¿Qué pasó entonces?

Fui a un partido que teníamos de visita contra el club Germania, yo sabía que no me iban a considerar porque estaba en falta pero igual llevé mis cosas y las metí en la maleta de mi amigo para no hacer roche (risas). El tema es que no ya era hora de jugar y no llegaban ninguno de nuestros dos arqueros, el profe estaba asado y pregunta quien puede tapar y yo que quería ganar puntos como sea, levante la mano.

¿Hiciste la de Enzo Pérez con River?

Claro, primero fui yo (risas), la cosa es que jugamos y ganamos 3 a 1. Ya el lunes regresé a los entrenamientos y justo fue el profe Argote que estaba en el comando técnico de primera, al finalizar la práctica se me acercó a preguntarme mi edad, recuerdo que yo jugaba con zapatillas y ese día me regalaron unos buenos chimpunes.

¿Qué siguió después?

La siguiente semana estaba jugando con mi categoría y me sacaron a los diez minutos, yo me preocupé no entendía el porqué de la decisión. La cosa es que me estaba yendo a bañarme y se me acerca un dirigente a decirme que en la noche viajaba a Chanchamayo con el primer equipo. Yo estaba feliz pero el tema no fue fácil porque yo era menor de edad y mi papá no quería que yo juegue fútbol, para suerte mía apareció la figura de mi abuelo que me apoyó y se comió el viaje conmigo.

¿Desde ahí te quedaste en el primer equipo?

Más o menos, porque cuando no salía en lista jugaba en los torneos de mi categoría para no perder ritmo. Eso sí, todos los jueves entrenaba y hacía partido de práctica con el primer equipo. Hasta que llegó esa tarde del 7 de junio en la que debuté ante el Espinoza de Ica y no salí nunca más del plantel profesional.

Siempre fuiste hincha aliancista pero hiciste las menores en Municipal, ¿nunca fuiste a probarte a Matute?

Claro que sí, fue cuando tenía 14 años y no quedé. En esa época iban cualquier cantidad de chicos a probarse y supongo no llamé la atención de los entrenadores y eso que yo ya jugaba en Municipal desde los 10 años.

¿Recuerdas quién estaba a cargo de las pruebas ese día?

El “Cholo” Castillo como siempre, pero no era fácil destacar entre tantos y menos en mi posición, yo jugaba de volante de marca o lateral. Recuerdo ese día clarito me tocó la prueba en la cancha auxiliar que era de grass natural en esa época, me dolió no pasar la prueba porque yo vivía en Matute y veía a mis amigos jugar en Alianza.

¿Alguno de esos amigos tuyos llegaron a primera de Alianza?

Que yo recuerde sólo Braulito Tejada, a quién perdimos en el Fokker, él era de mi barrio, yo jugaba en Muni pero siempre iba al estadio a alentar a mi Alianza. Igual creo que Dios me dio la oportunidad de integrar el equipo en el momento justo e ideal para mí.

¿Cómo se dio tu llegada a Alianza?

En esos tiempos firmabas contrato de juvenil por un año y tenías que quedarte un año más de prorroga pero justo en 1992 derogaron esa Ley y junto con mi hermano quedamos libres para decidir donde ir en 1993. Aunque no lo creas los 4 grandes del fútbol peruano nos querían Alianza, Boys, Cristal y la ‘U’ se acercaron a conversar para tenernos a ambos en sus filas.

¿Cómo así acabaron en diferentes equipos?

En esa época no había representantes así que el que veía nuestras cosas era mi papá y él ya había arreglado de palabra con Universitario por los dos.

¿Y que pasó, por qué no se dio?

Ninguno quería ir y ahí apareció la figura de mi abuelo el gran Enrique Gómez Sacramento, muy querido tanto en Alianza como en Cristal, quién le dijo a mi papá “los chicos ya son adultos déjalos que decidan ellos su futuro”. Entonces cada uno decidió yo por Alianza y Jorge por Cristal.

José Soto tuvo su primera temporada en Alianza Lima en 1993.

¿El factor económico fue decisivo?

En realidad no. Te cuento como era la situación ese año. Los que ofrecían más eran los de Boys porque tenían a Don Beto Levy que era quien respaldaba al equipo, de ahí venían las ofertas de Cristal y Universitario muy parejas y al final la de Alianza Lima, no como ahora que pagan muy bien. Aparte en lo deportivo Alianza tampoco venía bien desde la tragedia del Fokker, no había plata y encima se les acababa de ir a Universitario Juan Reynoso, que había sido catalogado el mejor jugador del torneo del ’92.

¿Te tocó llegar en un momento difícil?

Es una costumbre, a mí en Alianza siempre me tocó épocas difíciles y yo puse el pecho. Ese año sólo llegó al arco Agapito Rodríguez y yo para reemplazar a Juan Reynoso, o sea, al líder y mejor jugador del equipo. Felizmente ese año aparecieron los “potrillos” en primera y pudimos obtener el subcampeonato y clasificar a la Libertadores. Mi adaptación fue muy rápida porque conocía a muchos del plantel de selecciones menores y además me sentía en casa porque yo siempre fui hincha e iba al estadio. Recuerdo mucho las palabras de mi abuelo: “Tú sabes como piensa el hincha tu has estado ahí en Sur, sabes que esperan de los jugadores y como se sufren los partidos desde el cemento, ahora estas abajo, haz lo que pedías cuando estabas arriba”. Y no le faltaba razón yo he estado ahí en el corazón del Comando, a mi el “Pato” Arias me ha puteado alguna vez por no cantar, nadie me puede florear como es ser parte de la barra.

¿Fichar el ’95 por Cristal fue la decisión más difícil de tu carrera?

Definitivamente que sí, los años ’93 y ’94 había sido considerado el mejor jugador del campeonato jugando en Alianza y en la premiación estaba sentado en la mesa de Cristal. Los tres primeros meses fueron muy complicados no podía ni salir a la calle porque el hincha aliancista no perdonaba el haberme ido y los entiendo. En el ’93 se les había ido Reynoso a la ‘U’, llegó para reemplazarlo y a los 2 años me voy a Cristal, ambos en nuestro mejor momento futbolístico. Me cambio la vida de un momento a otro y sólo mi entorno más cercano, incluidos algunos amigos del fútbol, saben todo lo que pase y fueron mis soportes para lograr superar esa prueba.

¿Cuánto tuvo que ver Jorge en esa decisión?

De hecho que mi hermano me habló e influyó sobre todo en la parte final de la decisión pero los que más influyeron al principio y con mucho ímpetu fueron mis compañeros más cercanos de Alianza como Jayo y ‘Kanko’ Rodríguez. Recuerdo que me decían sino firmas te matamos o también sino quieres ir vamos nosotros (risas). Ellos lo hacían porque la oferta de Cristal era muy buena y la carrera del futbolista es muy corta, como para dejar pasar la oportunidad de ir asegurando el futuro de tu familia.

En La Florida conseguiste tu primer título nacional, ¿Qué recuerdos de esos años?

Recuerdos muy buenos llegué a un equipo campeón y tuve la fortuna de tener como técnico a Juan Carlos Oblitas de quien aprendí muchísimo y me ayudó a que mi adaptación sea de la mejor manera posible.

¿El grupo te recibió como uno más desde el primer día?

Yo llegué junto con Marcelo Asteggiano, el de Universitario y yo de Alianza, el grupo estaba armado, venía de ser campeón y uno era el nuevo quieras o no, así que parábamos juntos de arriba a abajo. No quiero decir que no nos recibieron bien pero la integración se fue dando poco a poco con las semanas de convivencia y terminamos siendo una gran familia que fuimos la base de la selección peruana del ’97.

¿Cómo fue esa competencia para ganarte el puesto?

Fácil no fue porque el plantel tenía backs de gran nivel, para mí los 5 de gran categoría, estaban Orlando Prado, Manuel Earl, Asteggiano, ‘Machi’ Pinillos y yo. Lo que me ayudó es que el hondureño Castro se había ido y además jugábamos con línea de tres, así que jugué desde el inicio. Recuerdo que Marcelo y yo íbamos de stoppers y ‘Machi’ de líbero, él era como un parabrisas que recogía los restos que dejábamos nosotros, él se divertía porque nosotros hacíamos el trabajo sucio, pero siempre con prestancia. Sabíamos como apretar, como pegar sin llenarnos de tarjetas innecesarias y sino bastaba con nosotros delante teníamos a Garay que era muy duro de pasar. Ese rombo que hacíamos los tres de atrás con Pedro, le daba solidez al equipo para que los de arriba se diviertan y hagan lo que sabían hacer con la pelota.

De ahí vino el Puebla ¿Qué fue lo que más te costó y que mejoraste jugando en el exterior?

Allá son muy nacionalistas así que si eres extranjero siempre van a exigir que marques la diferencia en gran medida. El primero que me llamó fue Juan que ya estaba en Cruz Azul, siempre estaba en contacto conmigo y me aconsejó como comportarme en diferentes situaciones a nivel grupal tanto dentro como fuera de la cancha, fue muy valioso para adaptarme a una cultura distinta. Otro que me ayudó para entrar al grupo fue Marquinho, que si bien no habíamos sido compañeros si nos conocíamos de acá y fue una cara amiga que colaboró con mi integración al plantel. Yo siento que en México empecé a madurar como persona. En lo futbolístico el ritmo del campeonato era más intenso, rápido y dinámico. Tenías que tener precisión en velocidad y eso me obligó a depurar más mi técnica y concentración, recuerdo mucho al preparador físico uruguayo Betolaza, que me apostaba tiros al travesaño y al principio siempre me ganaba, así que de puro picón me quedaba practicando y casi sin darme cuenta comencé a mejorar mucho en la precisión de mis pases. Un día vino y me dijo ahora sí estas listo para jugar en donde tú quieras. Me di cuenta que me ayudó con un punto de mejora de una forma lúdica casi sin que me diera cuenta.

Tuviste buenas campañas en México y estabas en buena edad, ¿por qué la decisión de regresar al fútbol peruano?

No fue una decisión mía, llegó un técnico que no quiso a ninguno de los 5 extranjeros de campo, se quedó sólo con el arquero. Eso fue poco antes de cerrarse el draft mexicano y nos quedamos sin equipo. Fue ahí que aparece el interés de Sporting Cristal y regresó a Perú, a poco de llegado acá me rompo los ligamentos cruzados y no pude jugar, a los 6 meses Puebla me presta a Alianza y a fin de año me incluyó en el draft donde me contrata el Celaya mexicano que tenía como técnico al argentino Rubén Omar Romano.

Soto compartió vestuario con Marquinho en el Puebla de México.

En el 2001 regresaste a Alianza, ¿Cómo te recibió la hinchada por tu paso por Cristal?

Ese año tranquilo, lo bravo fue en el ’98 que tuve un breve paso de 6 meses antes de regresar a México. Acabando el primer entrenamiento fueron a buscarme para conversar, tuvimos una platica tensa, difícil pero mis actuaciones y dedicación les hicieron ver que era el mismo ‘Pepe’ de siempre y me fui ganando poco a poco a la hinchada nuevamente. El 2001 fue muy especial para mí porque yo estaba lesionado y Alianza me contrata prácticamente en el quirófano sin saber como iba a quedar después de la operación, muy pocos clubes hacen eso. Yo me había lesionado jugando por Celaya y recibí la llamada de Autuori, que me dijo: necesito que te recuperes, tranquilo que tú vas a ser líder en mi plantel. Era una condromalacia que venía arrastrando unos años y podía seguir jugando porque tenía buena masa muscular. Pero ya a los 30 años sentí la pegada y el doctor que era un capo me dijo: te voy a operar ahora, para que puedas jugar unos 5 o 6 años más en buen nivel. Así fue a los 36 años me retiré.

¿Alguna anécdota de tus duelos con tu hermano Jorge?

Cuando aún vivíamos en la misma casa no nos sentábamos juntos a la mesa, el que llegaba primero a la mesa comía con toda la familia y el otro esperaba y almorzaba sólo después. Ya más grandes recuerdo una cuando Jorge estaba en su mejor momento que jugaba en todos los puestos y hacía goles todos los partidos. Estaba en la concentración con mi compadre Jayo y pensábamos cómo parar al Orejas que esta en racha, íbamos descartando opciones, insultarlo no podemos porque es familia para ambos, pegarle no porque nos expulsan hasta que recordé que a él no le gusta que le toquen las orejas. Así que desde que comenzó el partido en cada dividida o pelota parada comenzamos Juan y yo a tocarle las orejas, ese día se ofuscó, hizo un autogol y ganamos 3 a 0. Jorge se dio cuenta en el segundo tiempo pero ya era muy tarde ya lo habíamos sacado del partido, nos quería matar y la bronca le duró varios días más (risas).

¿Sientes que en estos últimos 5 años llegaste a convertirte en ídolo blanquiazul?

No sé si ídolo, eso se lo dejo a los hinchas pero lo que sí te puedo asegurar es que yo disfruté al máximo cada día que me tocó estar en Alianza. Recuerdo mucho un día que había tenido problemas en mi casa y llegué a entrenar cargado medio molesto, Autuori me llamó a un costado y me preguntó qué pasaba, yo le dije que nada pero igual me mandó a mi casa de regreso. No me dejó entrenar. Al día siguiente me dijo: yo te conozco, no estabas bien y así no se debe entrenar, si tú no disfrutas lo que haces nunca vas a ganar nada, a la cancha siempre debes entrar con una sonrisa en el rostro, dejar lo mejor que tienes y listo, disfrutar porque lo entregaste todo. De ahí en adelante nunca llegué molesto a un entrenamiento, siempre recuerdo que vivo de mi pasión que es el fútbol, que jugué, fui campeón y capitán del equipo del cual soy hincha en el año de su centenario y con mis hermanos del alma en el plantel, qué más puedo pedirle a la vida.

¿Qué conclusiones te dejó la campaña aliancista del 2020?

Con mi familia hemos sufrido, hemos llorado viendo al equipo irse al descenso. Nadie me va a quitar de la mente las lágrimas de mis hijas después del partido con Huancayo, ellas son muy apasionadas porque nacieron respirando fútbol y son blanquiazules hasta los huesos. Deportivamente fueron un desastre, es imposible que te vayas a la baja a pesar que a un equipo como Carlos Stein ya le había quitado puntos, antes del fallo del TAS, y aún así te superó en puntaje. Eso es el reflejo de tener tres técnicos en un mismo año, un equipo como Alianza no se merece eso.

¿Para ti quienes fueron los principales responsables?

Todos son responsables, el Fondo, la administración, el plantel, los técnicos nadie puede evadir su parte. Yo no estuve en la interna pero de afuera es lo que se ve que la gestión fue mala desde el inicio, nadie se salva. A nosotros nos llamaron un día antes del partido con Huancayo, imagínate que querían desviar la atención de la gente viendo a Waldir, Jayo o a mí llorando en la tribuna, no se pasen. Todo el año hicieron lo que les dio la gana y pretendían que un día antes nosotros cambiáramos algo en el plantel. Hay jugadores que sirven para pelear campeonatos pero no para pelear descensos, la presión es distinta y más en clubes como Alianza, Cristal o la ‘U’. Yo he conversado con amigos que han pasado eso y me decían que las ultimas semanas no lograban ni dormir por la noches por la presión. Encima no se enteraban lo que estaban pasando, cuando cayeron en cuenta que se podían ir a la baja, ya el agua los estaba tapando.

¿En algún momento hubo un acercamiento para que tomes el equipo este año?

Nunca, fueron puras especulaciones.

¿Si te llamaban hubieras ido?

Sí hubiera ido, siempre que me han llamado de Alianza yo he estado ahí. A mí me ha tocado siempre bailar con la más fea, como se dice ir cuando no había plata en el club, cuando estábamos complicado en lo deportivo y/o en lo administrativo e igual he ido porque amo mi club y sus colores. Pero yo sabía que no me iban a llamar porque saben que yo soy de los que dicen las cosas claras siempre en la cara de quien sea y eso no les gusta a algunos de los que manejan el club actualmente.

¿Coincides en que tu perfil se caía de maduro?

Creo no descubrir nada nuevo, técnico con experiencia en segunda, con los jóvenes en la reserva e identificado al 100% con en club, su idiosincrasia y orígenes, pero como te dije, sabía que no me iban a llamar.

¿Cómo ves a Alianza en lo deportivo este año?

Pensaba que le iba a ir mal por la premura del tiempo, tuvieron una pretemporada interrumpida y poco tiempo para trabajar una idea de juego. Si te pones a ver los resultados con los antecedentes previos es una excelente campaña, están viniendo de menos a más y finalizaron terceros en su serie a pocos puntos del segundo. Sólo en esta primera fase ya lograron mas puntos que en todo el año pasado.

¿Para ti cual es el refuerzo más valioso hasta el momento?

A Barcos dámelo siempre, aporta mucho tanto dentro como fuera de la cancha, a pesar de su edad corre y mete, estoy seguro que el comando técnico del profe Bustos quién me parece un tipo bueno y capaz, sabrá llevarlo para obtener el mejor rendimiento de él. Lo de Jefferson es jerarquía pura y lo demostró apenas regresó en los minutos que le tocó estar. Ex jugadores míos que lo han enfrentado me dicen: profe tenerlo enfrente es como pararse ante un toro que te viene a embestir. Mucha potencia y calidad tiene Jefferson se que esta en terapia y espero regrese pronto para la alegría de toda la hinchada blanquiazul.

Se habló de incorporar a Waldir Sáenz en un cargo de gestión deportiva dentro del club, ¿crees que faltan referentes íntimos dentro del club?

Claro que sí, en México es una practica común desde que yo jugaba allá, los referentes siempre están presentes y no sólo allá, mira el caso de Claudio en el Bayer. Que los referentes que jugaron por el club siempre estén en los entrenamientos, en las instalaciones del club es valioso para los menores que van saliendo porque en muchos casos fueron sus ídolos de niñez. En Cristal por ejemplo tienen a mi hermano, a Carlitos Lobatón, Julinho. En la ‘U’ esta Pajuelo, Bernales, Maldonado, gente con el ADN del club que saben como transmitir la identidad y lo que significa vestir la camiseta de su club. Yo he conversado con chicos de Cristal que me dicen quieren ser como Jorge, primero por lo que fue como jugador y segundo porque se queda a practicar con ellos, conviven, les cuenta cómo fue jugar Libertadores con esa camiseta y les transmite esa mística que tuvieron ellos en el campo. Mosquera es un tipo seguro e inteligente que sabe que la presencia de estos referentes le suma a su trabajo de formación, mira tú en la final ante la San Martín, jugaron 7 jugadores de la cantera del club.

¿Un partido que te gustaría volver a jugar?

En Santiago ante Chile, ese partido nos llevaba al Mundial de Francia. Ese día nos hacen un gol a los 14 minutos y de ahí nosotros los tuvimos metidos, silenciamos el estadio porque se sentía llegaba el empate Flavio tuvo una, Chorri otra, Ñol también, al final ya lanzados totalmente al ataque llegó la goleada, fue un resultado engañoso. Si pudiera retroceder el tiempo sí advertiría que tenemos que ir preparados de manera distinta, nosotros fuimos a jugar un partido de fútbol mientras que Chile se preparó para una guerra. Lo bueno es que el Ciego aprendió de las experiencias y pudo tomar revancha con este grupo que clasifico a Rusia.

¿Qué coincidencias ves este ese grupo del ’97 y el de Gareca?

Que al principio nadie creía en ninguno de los dos grupos y ambos equipos se hicieron fuertes a razón de un grupo humano que se hizo una familia de verdad y también que ambos planteles tuvieron un punto de quiebre nosotros cuando le ganamos a Colombia en Barranquilla y ellos cuando le ganaron a Paraguay en Asunción. En el ’97 Juan Carlos Oblitas era el técnico y hoy es el director deportivo y eso no es una casualidad, él ha sabido ser el soporte del comando técnico y su experiencia ha sido clave para el éxito que significo regresar a un Mundial.

¿Con quién hiciste la mejor dupla de centrales en tu carrera?

En la selección con Juan Reynoso, un crack el cabezón. En equipos con Marcelo Asteggiano y con el ‘Chino’ Arakaki. Con Marcelo no seriamos los más exquisitos técnicamente pero para pasarnos era difícil porque defendíamos esa área a muerte, con Juan yo era el que iba al choque y el más dotado técnicamente, con el ‘Chino’ fue al revés, porque yo ya había aprendido y él aprendió conmigo a hablar lo cual es básico para un zaguero. Recuerdo que también nos comunicábamos silbando, la gente ya sabía y nos entendíamos, incluso ya retirado yo iba a la tribuna baja y cuando silbaba los más antiguos como Leao y Rinaldo volteaban reaccionado al silbido.

¿El mejor entrenador que tuviste y por qué?

Desde el lado humano y de cómo llevar inteligentemente a un grupo definitivamente el ‘Ciego’ Oblitas. El ‘Maño’ Ruiz un señor de señores, Paulo Autuori un capo, un adelantado a su época en trabajos y tecnología aplicada al fútbol me dejó muchas enseñanzas. En México Romano me marcó positivamente y de regreso a Alianza aprendí de Costas como formar un plantel fuerte y blindado a prueba de balas.

¿Qué le faltó a la selección de Oblitas para llegar a Francia ’98?

Confianza, empezamos muy tarde a creer en nosotros, veníamos muy golpeados de una eliminatoria previa catastrófica. Teníamos una buena generación para alcanzar el objetivo pero reaccionamos muy tarde. En esa clasificatoria no perdimos un sólo partido de local recuerdo que después del partido que empatamos con Argentina en Lima al ‘Mono’ Burgos lo venden al Atlético de Madrid, sino era por él ese día les metíamos tres tranquilos. Después vino el triunfo en ese horno con gol del ‘Chino’ Pereda y ahí nos dimos cuenta que éramos capaces de llegar a Francia, ese día jugamos con el corazón, con mucha clase y cuando hubo que reventarla la botamos fuera del estadio también (risas).

Esa fue una gran semana para el fútbol peruano porque en pocos días se dio el triunfo de visita de Cristal ante Vélez quien era el vigente campeón de la Libertadores.

Claro que lo recuerdo, si fue la vez que le preguntaron por Jorge Soto y dijo que no lo conocía, a pesar que en el ’93 ya le había marcado un gol con la selección. Me acuerdo que estábamos en la concentración viendo la tele y vi las lágrimas caer por el rostro de mi hermano. El día del partido yo ya estaba de vuelta en México y no era como ahora que se ven los partidos con facilidad. Me tocó estar llamando a la casa de mi mamá a cada rato hasta que en una me contesta mi mamá eufórica gol de Jorge, gol de tu hermano, y la alegría que sentí en ese momento es indescriptible. Después nos encontramos en la despedida del ‘Pibe’ creo y es un pan de Dios, nos dijo: yo sí los conocía, sólo que me gusta generar polémica para calentar los partidos así soy yo, pero todo tranquilo con el paraguayo.

¿Hay una leyenda urbana que dice que en la tanda de penales de la Copa América ante México hubieron varios jugadores que no querían patear los penales, es cierto?

Si lo he escuchado pero es una gran mentira, nadie arrugo como dicen por ahí. Si te pones a ver con detalle pateamos todos los que siempre pateábamos sólo que ese día ni Juan ni yo estuvimos certeros y eso pasa así es el fútbol.

¿Cuándo te diste cuenta que querías seguir ligado al fútbol desde la dirección técnica?

En Celaya los lunes no entrenábamos y cuando mi esposa estaba por dar a luz se vino a Perú, así que estuve sólo como 3 meses. Un lunes el profe Romano me dice me estoy yendo a DF, que estaba como a dos horas de Celaya, quieres acompañarme como que distraes y me apoyas manejando de regreso, yo acepté. Las primeras veces llegábamos, él se quedaba en el restaurante de su papá y yo me iba a conocer la ciudad, pero un día le pregunté si me podía quedar y me dijo que sí. En eso comenzaron a llegar el ‘Tuca’ Ferreti, el ‘Flaco’ Tena, Lavolpe, el ‘Maño’ Ruiz y varios más, todos técnicos de gran calidad que se juntaban a hablar de fútbol y departir. Así que cada semana me sentaba más cerca a la mesa para escuchar mejor y apuntar todo lo que podía. Luego ya en Perú en una tarde de café con Paulo Autuori me dijo: tú tienes pasta de técnico y tu camino es seguir en el fútbol pero necesitas capacitarte, ese día terminé por decidirme.

¿Cuáles son tus objetivos a corto y mediano plazo?

Ascender con el Aurich, y a mediano plazo, volver a dirigir a Alianza, que es lo que estabas esperando que te conteste (risas).

Fuente original: Once

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